LA ESTRUCTURA Y LA FUNCIONALIDAD DE UN CENTRO BENENZON

Introducción

En este trabajo queremos hablar, como terapeutas benenzonianos, de nuestra experiencia en relación con la estructura y la funcionalidad del Centro Benenzon de Chipre, nuestro lugar. El significado del lugar tiene relevancia e importancia propias, puesto que en él hemos vivido el apoyo en presencia del terapeuta. La presencia y el abrazo cuando lo necesitamos nos dieron la pulsión para romper fronteras, para recordar cómo se juega y para disfrutar haciéndolo. Jugando, hemos crecido.

En el Centro Benenzon de Chipre desenterramos nuestro ISO, cultivamos nuestra autonomía y se nos enseñó a funcionar como un todo. La estructura y funcionalidad del Centro Benenzon de Chipre están inseparablemente vinculadas e interrelacionadas y se basan en la colectividad del grupo. Además, buscamos la satisfacción, el humor a la vez que desarrollamos fuertes lazos de fraternidad, como si del plexo solar que se abre se tratara.

EL CENTRO BENENZON DE CHIPRE

Salas y espacios terapéuticos

El Centro Benenzon de Chipre le hace a uno sentirse como en casa de un amigo. Tal y como concretamente describe el profesor Benenzon en el primer nivel del modelo, es bueno que el paciente, cuando llegue, se sienta cómodo. Igual que el cuerpo humano requiere las condiciones adecuadas para funcionar bien, así también el centro Benenzon de Chipre. Para intensificar la sensación de acogimiento y calor, nos concentramos en detalles del espacio como son el olor, la temperatura, el silencio y el sonido, los cuales protegemos de interferencias externas.

El espacio vincular es sagrado para la sesión entre el terapeuta y el paciente. Por ello, las salas, cuyas características especifica el profesor Benenzon, no deben ser excesivamente grandes, para permitirnos ver y sentir de cerca los límites de las paredes. Cuando el paciente entra por la puerta en la sala de madera, percibe la sacralidad del lugar y del setting inicia el viaje de la comunicación no verbal con sus terapeutas.

El hecho de que tanto el suelo como parte de las paredes de las salas de madera del Centro Benenzon de Chipre están revestidos de madera y cuentan con un material especial que multiplica el efecto sonoro permite una cálida aproximación del cuerpo. Los pacientes y los terapeutas entran descalzos; con los pies (yo pie) y las manos (yo mano) tienen contacto directo con el suelo y de ese modo los cuerpos están lo más cerca posible de los mediadores y del otro, siendo también así un mejor conductor de la comunicación. Esto les permitirá a ambos escucharse y percibirse mejor el uno al otro.

El agua, el oído, el gusto, el tacto, la vista son elementos que enriquecen la comunicación no verbal, tal y como menciona el profesor. Por eso hay momentos en los cuales como terapeutas elegimos hacer terapias en plena naturaleza. En ese entorno tenemos la oportunidad de recrear un lugar con sus propios límites y mediadores.

El papel del coordinador

En el Centro Benenzon de Chipre el coordinador es el monitor, “el que le avisa al otro”. Con-camina y co-labora dando lugar al pliegue y a la co-participación.

Sus competencias son:

  • Planificar correctamente a todo el grupo pero también a cada terapeuta por separado.

  • Asumir la responsabilidad en caso de que algo salga mal.

  • Coordinar las reuniones con los padres para informarles del progreso y de la funcionalidad de sus hijos, lo cual se lleva a cabo cada cuatro meses. En dichas reuniones, el terapeuta, en colaboración con el coordinador, emplea las palabras adecuadas, consolida la relación con los padres, construyendo la confianza y cultivando una identidad sonora familiar a través del trabajo en grupo.

  • Convocar con frecuencia a su equipo a reuniones para reflexionar y coordinarse.

  • Configurar los programas de las terapias de tal modo que salvaguarden y protejan la libertad del otro.

  • Creer en su equipo y en la ideología no verbal Benenzon.

  • Constituir el útero que da a luz a la coherencia y origina la continuidad.

  • Ser el filtro de sus terapeutas, transmitiéndoles la ética a través del vínculo.

  • Encargarse de mantener el secreto profesional, respetando los límites.

  • Conservar la ética de la ideología de la terapia no verbal.

  • Crear un sistema de percepción global que contenga a los terapeutas y juntos transformarlo en un sistema unificador de percepción.

  • Tender puentes entre los miembros del equipo, dejando fuera el displacer y las frustraciones y estableciendo los límites.

  • Cultivar la flexibilidad, creando a la vez una lengua de comunicación con sus terapeutas.

Es la barca que tiene la posibilidad de incluir, emprendiendo el viaje mediante el movimiento, y que es el espejo de sus terapeutas. Te guía, te ayuda a descubrir, a buscar. El coordinador intenta siempre desanudar lo anudado por anudar anudando. Se mueve en el tiempo adecuado, siendo flexible en la velocidad. Transforma la compulsión en pulsión y dicho impulso se hace más fuerte para continuar su viaje hacia Ítaca.

El terapeuta Benenzon

Como terapeutas sentimos que constituimos un complejo de energías. Esperamos cuando no invadimos; prestamos atención cuando no nos creemos el centro de atención; escuchamos cuando no tenemos prejuicios y percibimos cuando no interpretamos.

A través de la espiral que se crea durante la comunicación no verbal entre el paciente y el terapeuta, se expresa todo lo expresado por expresar expresando. Incluso cuando sientan dolor, sentirán dolor sobre lo dolido por doler doliendo. Sonarán sobre lo sonado por sonar sonando.

En la construcción de la relación «Yo–otro» se reflejan partes del «Yo-el otro dentro de mí». A medida que como terapeuta te vas dando cuenta de ello, se va creando el espacio vincular entre el paciente y tú. Al haber vivido la experiencia del «Yo-el otro dentro de mí» como pacientes, reconoces la matriz vincular de la comunicación no verbal y concaminas con tu paciente para que salga de las sombras de su caverna.

Salir de la caverna conduce dicha relación, a la vez, a una abertura y a un cierre. El terapeuta, en un principio, limitará la separación y el cierre de la trayectoria terapéutica y después contendrá cuanto se haya desarrollado en el interior de dicha relación. Habrá duelo por el abandono y experimentará la ausencia. Al vivir la falta, surgirá el deseo.

Un terapeuta, cuando cultiva su «ser», logra concaminar con su paciente, pero dejando una parte suya en la orilla y conservando así su presencia. Al tener el deseo de vivir incluso lo que no ha vivido, transmite una infinidad de colores donde elegir.

Parejas terapéuticas

«La pareja terapéutica está constituida para que se protejan, se cuiden y se contengan el uno al otro, a fin de reflejar y escuchar sus reflexiones» (Benenzon, 2014)

En el Centro Benenzon de Chipre trabajamos en parejas terapéuticas siempre que ello es posible. Son numerosas las dificultades a las que hacer frente durante esta colaboración, pero con voluntad paulatinamente se va creando entre ellos una mejor relación terapéutica. A través de esta matriz vincular de la comunicación no verbal nace la distancia óptima, pero para ello hace falta el adecuado tiempo vincular. Las ventajas de trabajar en pareja terapéutica con uno o más pacientes son bastantes. Cuando rellenamos el protocolo y compartimos tenemos la oportunidad de intercambiar opiniones y de reforzar este fuerte vínculo.

En la terapia no verbal y a través de los vínculos muchas veces surgen diversos sentimientos. La relación terapéutica puede proteger a los terapeutas mediante el apoyo mutuo y, por extensión, también al paciente. El paciente se siente profundamente reprimido -tal y como menciona también el Profesor- y puede elegir entre dos relaciones. Al mismo tiempo, el paciente tiene la posibilidad de sentir el espíritu de equipo y, cuando es necesario, de vivir relaciones armoniosas entre los terapeutas y él mismo.

Se darán cuenta de que trabajar de un modo fijo los lunes, martes, jueves y viernes hace que surja sin duda el deseo de evolucionar y de profundizar aún más, pero al mismo tiempo, la necesidad de protección. Es necesario tener paciencia, insistencia y disciplina para poder cumplir con la supervisión, la formación continua, el contacto con el profesor Benenzon y también las terapias individuales.

Supervisión

«La ética básica del Modelo es salvaguardar, contener y proteger al psicoterapeuta, puesto que un psicoterapeuta sano y con buena calidad de vida es un buen contenedor para el otro» (Prof. Benenzon 2014, www. Benenzoncentercyprus.com).

Como seres humanos somos frágiles y, tal y como menciona el Prof. Benenzon, nadie es todopoderoso. Nos resulta de gran ayuda el hecho de que la supervisión se centra directamente en la imagen del terapeuta y no en la del paciente, de modo que el terapeuta puede protegerse a sí mismo. Por esto, por otro lado, la supervisión es parte de la Ética del Modelo.

Durante la reflexión y la preparación previas a la supervisión el terapeuta entra en un proceso de ritornello y regresa al núcleo. Esta reflexión le ayuda a deshacerse de las tensiones que haya absorbido, a recibir otros puntos de vista sobre el procedimiento a seguir, a fomentar su creatividad y, finalmente, a encontrar nuevas vías de enfoque.

Las supervisiones pueden ser individuales o en grupo. En el Centro Benenzon de Chipre hacemos supervisiones en grupo regularmente cada dos meses. Nos damos cuenta de que lo que el terapeuta puede ganar con las supervisiones en grupo es cultivar el espíritu de equipo. Somos personas y por eso necesitamos reflejarnos los unos en los otros. El hecho de que un terapeuta comparta y se desnude en las supervisiones grupales es único, le hace enfrentarse a sus puntos débiles y contribuye a que el grupo elabore un enfoque humano con menos egoísmo.

El supervisor modela al terapeuta para que este pueda tener sesiones con su paciente. Desarrolla diálogos mediante los que cultiva el Súper–Υo, regula la plasticidad y con sus sugerencias va esculpiendo la estética.

El contemplador siente la necesidad de participar, se frustra con el reflejo que se puede producir a través de las transferencias-contratransferencias. Se enfrenta a su Super–Υo y aprende a domar sus deseos y sus necesidades para poder escuchar. «Nuestra observación no solo crea la realidad existente, sino también una historia similar a la realidad” (I. Prigogine). Enfrentarse a la historia e intentar cultivar las heridas hace que el terapeuta evolucione y pueda estar presente y a la vez ausente. Le hace transparente.

Formación continua

En las reuniones semanales que mantenemos como grupo en el Centro Benenzon de Chipre profundizamos en el aprendizaje de la terapia no verbal. De manera paralela identificamos la incorporación de la filosofía de la Terapia Benenzon a nuestro día a día. El polifacetismo de este grupo pero también el hecho de que a él pertenecen personas de diferentes sectores laborales (como hospitales, escuelas u otros organismos estatales) aporta también esta colectividad de la que hablamos.

La sensación de “pertenecer” a un grupo es rara, lo cual, sin duda, lo hace aún más difícil. La presencia de cada uno de nosotros en una única reunión muchas veces nos hace sentir que pertenecemos a un pequeño todo, como la prolongación, al mundo, como menciona también Heidegger. Esta formación y profundización continua en el todo nos oxigena y hace que en cada uno de nosotros por separado aumente la sed por comprender aspectos de uno mismo, entendiendo que «la protección de la libertad del otro es la protección de la nuestra propia».

Una fuente importante de formación, profundización e inspiración lo constituyen los seminarios, cuyo objetivo no es solo adquirir más conocimiento sino también recuperar la creatividad. Hay profesores notables –benenzonianos y no benenzonianos- que son capaces de transmitirles con respeto a los participantes su experiencia, relacionándola con la filosofía y la teoría de la terapia no verbal. Hemos trabajado la voz, el cuerpo, el movimiento, la respiración, la concentración, el silencio, la expresión musical, los sentidos y el estudio de la psicología cuántica.

Por otro lado, nuestros encuentros con el Dr. Benenzon son muy constructivos. Todas las veces nos transmite su saber a través de sus vivencias y experiencias. Que todavía siga trabajando sobre algunos aspectos del modelo es para nosotros el ejemplo de la evolución continua. Todos y cada uno de los encuentros con el profesor con aportan los ladrillos que, después de pensar y reflexionar sobre ellos, se van añadiendo al camino. Poco a poco se aplican al trabajo y a nuestro día a día, haciéndonos creer más en nuestro trabajo. Aparte de esto, el profesor representa meritoriamente el caos del modelo. Es capaz de crear, de confundir y de volver a regenerar, atravesando los límites y rompiendo moldes.

Una parte de la formación continua la constituye también la Academia Internacional Benenzon, donde todos los terapeutas benenzonianos tienen la oportunidad de ampliar su saber, independientemente del nivel de conocimiento y de experiencia en que se encuentren. El estructurado programa de las asignaturas abre nuevos horizontes para que cualquier terapeuta pueda conocer la terapia Benenzon mejor. La combinación de la estabilidad y de la libertad que se le ofrece a cada estudiante es una fuerte aportación para que sienta que se encuentra bajo el paraguas benenzoniano, hecho que le da una mayor seguridad.

La Academia Internacional Benenzon es un tallo que ha empezado a respirar y que poco a poco se va haciendo más fuerte, para dar sus frutos en el futuro, para el futuro. Será ella la que constituya la continuación y la evolución de la terapia Benenzon. Ya es responsable de la formación y la orientación de todo terapeuta que participa. Ya tiene líneas comunes y estables que garantizan el alto nivel de estudios y forman mejor al terapeuta. Sin duda, que existan estudios sistematizados en terapia Benenzon le da al futuro terapeuta un acceso más fácil a la terapia no verbal, confiando más en cuanto a la garantía de la profesión se refiere e invirtiendo en un modo de funcionar académico.

Terapia individual

A través de nuestra experiencia personal como terapeutas, vemos que la combinación de supervisión, terapia individual y formación continua es lo que ayuda a mejorar la calidad del trabajo del terapeuta. En nuestras terapias individuales nos damos cuenta de nuestra mortalidad, percibimos nuestro propio reflejo continuamente y que las relaciones evolucionan continuamente. Recuerdas cómo era ser paciente y puedes reflejar las necesidades del paciente en las tuyas propias.

Al recorrer el camino de la terapia individual como paciente, comprendes en un mayor grado las dificultades a las que se enfrentan tus pacientes a lo largo de su trayectoria personal. Como concretamente menciona el Dr. Benenzon, primero tienes que identificar tu propia historia no verbal, pues solo a través de dicha identificación serás capaz de poder identificar la historia no verbal del otro. Entonces, al salvar tus propios obstáculos suscitas un estímulo a través de tu propia vivencia. Dado que el terapeuta trabaja con su cuerpo y, principalmente, con sus sentimientos en el no verbal es más frágil. Así, a través de su propia terapia puede expresar sus tensiones, sus preocupaciones y sus miedos.

Otro aspecto importante además del cuidado personal interno es también el cuidado exterior, poniéndose objetivos que activan el sistema humano, como hacer ejercicio, construir el diafragma, dar paseos a diario, cuidarse el cuerpo, para estar así un estado físico más sano. El buen funcionamiento del cuerpo le ayuda al terapeuta benenzoniano a estar más preparado en su relación con su paciente, centrándose en el paciente con una mayor funcionalidad del cuerpo. El cuerpo es uno de los órganos principales de vinculación en la terapia no verbal Benenzon.

Epílogo

Como terapeutas del Centro Benenzon de Chipre nos encontramos en un continuo camino de cultivo de aspectos éticos de nuestro ser. Nuestra trayectoria como pacientes nos dio la posibilidad de darnos cuenta de que cada uno de nosotros tiene un núcleo ético, transparencia, sinceridad, claridad. A lo largo de nuestra trayectoria terapéutica de rememorar el pasado, el silencio, del reflejo y de la exploración de nuestro ser, intentamos reconocer nuestro aspecto ético enfrentándonos a las trampas del espejo oscuro.

Con la transparencia y la invisibilidad, somos humanos. Con la falta de transparencia perdemos la franqueza y nuestro aspecto humano. Al actuar de un modo invisible logramos no caer en la trampa del superegoísmo y de la omnipotencia y no tener necesidad de reconocimiento. El terapeuta debe ser capaz de ser un espejo transparente para proteger su relación con su paciente. Esto le ayudará a dar partes de su propio “ser” y compartir con su paciente, estableciendo una relación más fuerte. Al reconocer y darnos cuenta con respeto y dignidad la ética, intentamos ponerla en práctica, teniendo como modelo el aspecto ético de nuestro terapeuta y, sobre todo, la estructura y la funcionalidad del espacio –que para nosotros es el Centro Benenzon de Chipre-.

Contando con la colaboración de todos los miembros que lo constituyen, esta obra es más fácil de lograr, empleando la teoría benenzoniana como modo de vida. Con la paciencia se cultiva la relación con los pacientes y los terapeutas del centro. Con la insistencia se mantiene la buena funcionalidad, especialmente en los momentos difíciles. Con la disciplina se respetan los elementos anteriores para salvaguardar a todos y cada uno de los terapeutas y, por extensión, a los pacientes. Con el silencio se logra una mejor escucha de uno mismo pero también del otro y con la transparencia se construyen vínculos más sanos. De este modo se le puede transmitir también al paciente una mejor calidad de vida. Concentrarse en esta calidad es lo que mantiene el enfoque humano y la vitalidad del Centro Benenzon de Chipre.

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